jueves, 14 de mayo de 2015

Impacto del caracol acuático del cieno de Nueva Zelanda en los ríos mediterráneos

Los ríos mediterráneos tienen una serie de particularidades, como son la presencia de ciertas perturbaciones cada cierto tiempo. Un ejemplo de perturbación sería los picos de crecidas durante las lluvias intensas o los estiajes intensos. Estos ecosistemas se pueden ver afectados por ciertas especies exóticas, como es el caso del caracol acuático Potamopyrgus antipodarum. Este diminuto caracol (de unos pocos mm de tamaño de concha) se ha extendido por casi todo el mundo, causando impactos distintos en función del ecosistema invadido. En el caso de los mediterráneos su impacto no es muy conocido. Unos autores de la Universidad de California han realizado un estudio de campo y laboratorio para tratar de evaluar el impacto de esta especie invasora en la comunidad de un río mediterráneo de California. Los resultados han mostrado como esta especie puede alcanzar densidades de hasta 150000 individuos por m2, sus óptimos de temperatura se encuentran entre 13-20ºC, causa impacto sobre especies de caracoles similares debido a su competencia por el alimento (principalmente cianobacterias, clorofitas, etc.) y además reduce la supervivencia de los renacuajos de Anaxyrus boreas, debido principalmente a estimular el crecimiento de un alga filamentosa que dificulta la movilidad de los renacuajos. En el aspecto positivo, los autores han encontrado que esta especie invasora puede ser consumida por otra especie invasora como es el cangrejo rojo (Procambarus clarkii), y que los picos de crecidas podrían ayudar a controlar la expansión de esta especie. Estos resultados indican que la especie tiene un comportamiento invasor, ya que altera algunos aspectos del ecosistema. El control de crecidas por medio de presas ha hecho que los ambientes de los ríos mediterráneos cambien drásticamente, favoreciendo a las especies exóticas como P. antipodarum. Una buen forma de controlar a estas especies sería imitar los regímenes naturales por medio de crecidas controladas de los ríos en las épocas precisas (primavera, otoño).